Por problemas técnicos, me ha sido imposible completar y publicar está crónica justo finalizada la misma, con las sensaciones aun calientes. Pero bueno, más vale tarde que nunca.
Después de muchos años sin rodar por estas carreteras, plantearme esta ruta para mi tenía un alto valor sentimental, a parte del reto deportivo que pudiera suponer. Para facilitar la consecución de este reto, las condiciones meteorológicas, a priori, se podían considerar optimas, teniendo en cuenta que estamos en pleno mes de agosto.
De salida rápidamente se conforman dos pelotones: "Los Legañas", que se quedan en casa abrumados por la entidad del reto, y el resto de de cracks que acometerán la aventura. El primero en llegar, un servidor. ¡Sólo se escuchan los grillos en el punto de salida!
Transcurrridos los primeros kilómetros se me une un compañero de ruta que no podré despegarme de él en todo el día, una vez tirando de mi y otras a rueda. ¡Bravo por él ya que también se curró la salida!
Antes de llegar al embalse de Gracía Sola la panorámica de la Siberia Extremeña es sobervia. Sin palabras.
El embalse de García Sola contiene la fuerza natural del río Gaudiana. En este punto ya se han cubierto poco más de 30 km en algo más de una horita. Para no forzar no esta nada mal.
Ahora va una foto de esas de cicloturismo. ¡Oh! ¡Qué bonito! Con islas y todo. Al fondo, justo en la otra orilla discurre la ruta comentada anteriormente, la de Peloche.
A la altura de Valdecaballeros toca parar a reponer fuerzas. Ya son 54 km de ruta y la temperatura aun respeta al body.
Pasada la central nuclear de Valdecaballeros (desmantelada) rampón del 7% como preludio del puerto que viene. En el impás cambiamos de provincia: entramos en Cáceres, concretamente en la comarca de las Villuercas.
Poco antes de llegar a Guadaluepe se corona un puerto con un nonbre un poco redundante: Puerto Puertollano. ¡Pero si ni tiene puerto ni es llano!
Después de 88 km llegar a Guadalupe se agradece. Bonita imagen. 50% de el objetivo cumplido. ¡Lástima que pinchara al final!
Tras un desalluno como mandan las buenas costumbres delante del santuario de Guadalupe (bocadillo de quesos extremeños con chupitos finales), toca comer y tomar un baño reparador.
La vuelta, a las 17:30h, la realizo por el mismo itinerario, y de salida se puede comprobar que el puerto Puertollano no es tan llano tampoco por esta vertiente.
Y con el calor vuelven los espejismos. Las ganas de admirar el paisaje se reducen. Toca concentrarse para acabar lo más dignamente posible. En este punto las piernas ya han superado la barrera de los 100 km y la temperatura supera los 34º.
Al paso por el pantano de García Sola, la sombra de un rato de tregua. Esta circunstancia me permite admirar el risco nido de aves rapaces. Esto es una zona protegida ... ¡se ha de pasar sin hacer ruido no sea que huelan a muerto! (lo digo por buitres que revolotean en ese momento el cielo)
Las piernas ya pesan y el calor aprieta. ¡Menos mal que me dan ahora un relevo! A rueda del compañero encaramos los últimos kilómetros a buen ritmo.
La vista de Tamurejo, final del evento, hace que los últimos km sean más llevaderos. ¡Nada más llegar me voy directo a Can Nicanor a tomarme un refrigerio!
¡Objetivo cumplido! Al final me salen 173 km, algo menos de lo incialmente previsto. Las nuevas carreteras han tirado por lo recto recortando la ruta en unos 25 km.

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